Ésta es la vista que se divisa desde la otra parte del Guadalquivir. Las luces
que la Torre del Oro y los otros edificios desprenden, se reflejan en el río
otorgando al espectador una visión cristalizada de la realidad.
El oro de la
torre, que parece fundirse en el agua, y los demás colores, conforman una corona
de joyas que alumbra la ciudad.